El vago de la oficina: cómo descubrirlo


El vago es un especimen habitual de cualquier entorno laboral pues lo encontramos en empresas de los más variados tipos y dimensiones. Su principal ocupación es ocultar sus intenciones pero existen formas infalibles de descubrirlos. 

A continuación indicamos tres medios para desenmascarar al compañero que tiene poco o nada que hacer.



  •     Los que trabajan mientras otros se divierten. Me refiero a los que abandonan una celebración de empresa porque tienen mucho que hacer, los que bajan el teléfono a la cantina y parlotean de negocios mientras otros están comiendo o los que teclean compulsivamente su ordenador en los descansos de las reuniones. Es evidente que por muy apretada que tengamos la agenda, siempre podemos sacar un momento para compartir un café con los compañeros y si no es así, la cuestión se vuelve sospechosa.

  •     Los que rechazan una solicitud de ayuda alegando estar muy atareados. Así como el alto ritmo de trabajo genera compromiso y capacidad para resolver con éxito las tareas encomendadas, el ocio, por su propia inercia, engendra desidia y desafección. Por ello, ofrecer trabajo a una persona que lleva semanas desentrenada es como hacerle escalar el monte Everest en ropa de andar por casa. Hace unos años, me contaron una curiosa anécdota. Una entidad caritativa necesitaba una persona que se hiciera cargo de su gestión de forma no remunerada. Para ello, buscaban a un profesional que pudieran dedicarle algunas horas fuera de su jornada habitual de trabajo. Tras dar muchas vueltas, finalmente contrataron a una persona que llegó a dirigr la entidad de manera muy competente. Para conseguirlo, solo tuvieron que seguir una sencilla consigna: Contrata a alguien que no tenga tiempo. ¡Y fue todo un éxito!

Así pues, el vago existe e idea mil subterfugios para que no se le descubra. Sin embargo, al observador sagaz le será fácil descubrirle siguiendo algunos claros indicios. 


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Imagen: Martie1Swart

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