Innovar: el consumidor tiene la clave



Una de las claves de las innovaciones exitosas consiste en pulsar los latidos del mercado y adelantar la medicina a su posible enfermedad.
La clave de las mejoras que podemos aportar a nuestro producto o servicio se encuentra fundamentalmente en los comportamientos detectados en los consumidores o usuarios. Poniendo el ojo en el uso habitual que dan al producto, podemos extraer jugosas ideas sobre cómo mejorarlo. 

  • Fijémonos en aquello que encuentran pesado o fastidioso y busquemos soluciones que puedan convenirles.  ¿Por qué sacar la botella de agua de la nevera? ¡Pongámosle un grifo dosificador!

  • Hagámoslo más ergonómico, cambiémosle el tamaño y la forma. Busquemos otros formatos. ¿Por qué los botes de champú son redondeados y deslizantes? Introduzcámosles estrías para poder asirlos con las manos mojadas.

  • Simplifiquemos su uso. Unifiquemos dos o más funcionalidades en una. Es lo que han hecho los fabricantes de móviles al introducir cámaras de fotos, hojas de cálculo y acceso a internet en un mismo terminal.

  • Busquemos funcionalidades para otros miembros de la familia, otros momentos del día, otras épocas del año. ¿Podemos vender fruta pelada para que los niños la lleven al colegio? ¿Fruta cortada para personas mayores?

Solo mediante la observación identificaremos los detalles de uso que pueden conducirnos a una mejora efectiva del producto. Podemos hacerlo de forma procedimentada mediante focus groups o tests de consumidores o con métodos más sencillos y económicos:

  • Acudir a los propios puntos de consumo. Por ejemplo, a bares si se trata de bebidas o a restaurantes y cantinas si lo que comercializamos son productos alimenticios.

  • Entregar el producto a nuestros familiares y amigos para poder observar de cerca cómo los utilizan y obtener un feedback sobre sus puntos de mejora.

Algunos ejemplos

  • ¿Recordáis cuando los mangos de los cepillos de dientes eran planos? A algún diseñador se le ocurrió que los niños los asían con el puño cerrado por lo que empezaron a fabricarlos gorditos para sus gamas más infantiles. Pero alguno fue todavía más allá: ¡los adultos también los cogían con el puño cerrado! La consecuencia es que ahora todos los mangos de los cepillos de dientes son gordezuelos gracias a una básica observación sobre su forma de uso.

  • La mayoría de los fabricantes de colchones comercializan modelos con áreas reforzadas pero sin tener consideración por el consumidor final. Para garantizar realmente su comodidad, los colchoneros deberían reforzar la zona lumbar para aquellos que duermen hacia arriba y la zona pélvica para los que duermen hacia abajo. Y en los dos casos deberían atender a la altura del consumidor, teniendo en cuenta que su cabeza apoya siempre en la almohada. Si un matrimonio tiene diferente altura, no valdría con reforzar una zona transversal sino que habría que habilitar zonas separadas. 

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Imagen|mith17

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