¿Por qué los ejecutivos estrella acaban estrellados?


Los ejecutivos estrella están llamados a solucionar el destino de un departamento, área o compañía. Proceden de empresas multinacionales y vienen avalados por un espectacular curriculum en el que figura al menos una carrera superior, uno o varios masters y estancias en diferentes países. Sus títulos acreditan tareas directivas en puestos de responsabilidad de diferentes compañías mostrando un alto grado de iniciativa y ambición.

No necesariamente se han desarrollado en nuestro mismo sector, sino más bien al contrario. Muy a menudo, proceden de industrias totalmente diferentes, en las que ni el proceso de producción ni el de distribución del producto necesariamente se parecen. Es más, a menudo, han trabajado en áreas diferentes de la cadena logística o incluso, en sectores opuestos al nuestro: producción de materias primas frente a producto terminado, gestión de infraestructuras frente a sector productivo, etc. Y es que la acumulación de vivencias y experiencia se valora positivamente.

Los ejecutivos estrella cobran en función del alto nivel que acreditan superando en remuneración a los directivos de la casa. Es el modo de alimentar su aureola de salvador o viajero empedernido que aterriza con un cofre repleto de tesoros. Pero lo cierto es que no es oro todo lo que reluce.

En la práctica, como era de esperar, los ejecutivos tardan en aclimatarse al nuevo entorno entre seis meses y varios años en función de la complejidad del sector y del nivel de la competencia. La cultura de la compañía también suele ser un listón a superar pero su elevada posición y la condescendencia de quienes les pagan les permiten superarlo con facilidad.


El momento de la acción

Alimentados por las expectativas depositadas en ellos, en los primeros meses ya se ven impulsados a adoptar las primeras decisiones. Deponen y promocionan colaboradores y promueven un significativo cambio de estrategia en la compañía. Con una energía y vigor a la altura de su sueldo, no escatiman esfuerzos para imponer sus convicciones y acelerar el ritmo del cambio. Y aunque sus acciones causan cierto estupor entre los habituales, todos esperan contemplar grandes éxitos.

Lo cierto es que los cambios no siempre dan buenos resultados, pues en su adopción se suelen omitir algún parámetro: los hábitos del sector, la evolución de la competencia, la cultura del consumidor, etc. Tras unos pocos años, su impulso comienza a flaquear al tardar en materializarse los tan ansiados resultados. Los beneficios no mejoran y el descontento cunde entre los perjudicados por sus cambios. Al consejo le empiezan a asaltar dudas sobre su correcta elección aunque rara vez reconocen su error.


El desenlace

Al cabo de algunos años, tan solo algunos ejecutivos estrella han sobrevivido a la compañía. Unos, se han marchado a conquistar otras empresas, con un curriculum más engordado si cabe. Pasan a engrosar el grupo de las estrellas fugaces, astros cuyo resplandor efímero apenas se recuerda por quienes los vieron. Otros, han sido invitados a salir alegando cambios estructurales, incompatibilidades culturales o reestructuraciones. Es lo que se denomina proporcionar a alguien una salida honrosa de la compañía.

Solo algunos permanecen en el puesto para el que fueron contratados. Muchos por haber tenido la humildad de corregir sus errores y adaptarse al curso natural del mercado. Otros, porque efectivamente acertaron en sus predicciones, se rodearon de un buen equipo, leyeron con claridad las claves del sector y escucharon a los veteranos evitando así repetir errores.

De los primeros, pocos quedarán en la memoria de los empleados, enfrascados como de costumbre en sus luchas diarias y en la asunción de apasionantes desafíos.


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