¡Hoy no me apetece ganar dinero!


Es lo que parecen afirmar los responsables de algunas empresas, sobre todo, en época de crisis como la que atravesamos en la actualidad. A lo largo de los últimos años nuestro grupo está presentando en el mercado productos y servicios que reportan importantes ahorros netos en la cadena logística. Algunos son baratos y de implantación inmediata y, por lo tanto, reportan beneficios nítidos y rápidos. Aún así, estamos teniendo serias dificultades para introducirlos. ¿Por qué sucede esto?

El miedo es el motor

Cuando la demanda se derrumba y se inician los recortes de gastos, los directivos parecen estar más ocupados en defender su puesto de trabajo que en gestionar adecuadamente su empresa. Parecen pensar: mejor que no se fijen en mí hasta que pase la tormenta. Las dudas sobre su futuro conducen a una postergación de las políticas de mejora de la compañía pesando más su miedo sobre el posible fracaso que sus probables beneficios. Cuanto más grande y burocratizada es la organización, más se produce este efecto, siendo pocos los ejecutivos que se postulan para asumir riesgos.

Sin embargo, solo a través de la mejora de la competitividad se garantiza la permanencia en el mercado. Las crisis son grandes oportunidades de reconversión y crecimiento y las empresas que las aprovechan salen reforzadas del envite. Los buenos directivos continúan apostando por las mejoras del producto y el servicio y la identificación de ahorros logísticos aun en tiempos de limitaciones.

La búsqueda del liderazgo exige ser el primero en implementar novedades y para ello, es necesaria templanza, convicción en el propio acierto y paciencia para cosechar los resultados. Lo contrario conduce, en el mejor de los casos, a una posición de seguidor que reporta beneficios muy inferiores a los del líder además de menor reconocimiento y prestigio por parte del mercado.


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Imagen|Seannaber

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