10 formas de reconocer al Pelota de la Empresa

jefe y subordinado

El pelota es uno de los personajes más omnipresentes en el mundo de la empresa y de los más odiados por parte de sus compañeros y sus subordinados. Los pelotas son una mala hierba que crece y se reproduce en las compañías llegando a complicar y a entorpecer el trabajo de los trabajadores que tienen alrededor. Y es que su objetivo prioritario no es que el trabajo progrese de forma efectiva y fluida sino más bien, mantenerse en su puesto de trabajo el mayor tiempo posible. Para conseguirlo, no dudan en practicar la adulación en sus más variadas formas hacia aquellos que pueden garantizárselo: sus superiores. 

Los pelotas son unos personajes incómodos y detestables. Por ello, te propongo diez formas para reconocerlos a la primera. 

  • Los pelotas siempre están a favor del jefe por lo que lo defienden y sacan la cara por él tanto en público como en privado independientemente de que tenga razón o no. Y eso, sea quien sea la persona que detenta el poder y cuál sea la actitud hacia ellos.

  • Conocen la fecha de cumpleaños de su jefe y lo felicitan cada año con gran demostración de afecto, generalmente en público lo que obliga al resto de empleados a realizar demostraciones semejantes. Pero para disimular, también se sienten obligados a felicitar a sus compañeros y a otros miembros de la empresa por lo que tienen bien nutrida su agenda de fechas de nacimientos que emplean arteramente para cumplir sus objetivos. 

  • Rara vez aparecen cuando hay que hacer un trabajo duro pero siempre asisten a los saraos presididos por su jefe: la cena de Navidad, las entregas de premios de empresa, las conferencias profesionales. En este caso, ninguna enfermedad ni compromiso familiar impide que figure en primera fila palmoteando y contando anécdotas al resto de los presentes que consigan animar la velada.

  • Conocen todos los cotilleos de la compañía incluso los asuntos personales de sus colaboradores (problemas familiares, amoríos, viajes...) y no encuentran reparo en contarlos a su superior para ganarse su confianza. En consecuencia, intentan convertirse en el mejor confidente de todos sus subordinados. Para conseguirlo, no se pierden ninguna reunión en el café de la mañana e intervienen en todos los corrillos que encuentran en los pasillos

  • Además, suelen convertirse en los delatores de todos aquellos que han cometido un error o que de algún modo se han saltado las reglas de la compañía. Esta actitud se acentúa si el responsable es un posible competidor o una persona que está situada en su misma línea de ascensión. En ese caso, su evidente objetivo es quitárselo de en medio y ganarse el favor de su jefe ante una futura promoción.

  • Se llevan trabajo a casa los fines de semana y el lunes lo exhiben sin decoro entrando los últimos en la oficina con su ordenador personal o un maletín repleto de papeles y comentando la cantidad de tareas que han tenido que ejecutar.

  • Son escoltas y recaderos de su jefe. Realizan aquellas tareas que el jefe detesta como ir a recoger un paquete a su casa o comprar un regalo de aniversario para su mujer. Pero a él no le importa, sobre todo si con esta excusa se puede ganar la confianza de la familia de su superior provocando de este modo que hablen bien de él

  • Imitan a su jefe en todo lo que pueden adoptando la inflexión de su voz, sus expresiones más comunes, su estilo de indumentaria o incluso comprándose un coche del mismo estilo y marca, aunque de menor gama, claro. 

  • Si las circunstancias les son favorables, los pelotas pueden llegar a convertirse en los amos de la empresa. Y es que como son los últimos en salir de la oficina a menudo conocen todas esas cosas que nadie sabe hacer como la forma de desconectar la luz general, activar la alarma del edificio, contactar con el guarda de seguridad, etc. Por la misma razón que el anterior, acaban teniendo llaves de sitios que quizás nadie sabía ni que existían: el cuarto trastero, el cuarto de contadores, el archivo de papelería, etc.

  • A pesar de los esfuerzos invertidos en caer bien a su superior, acogen con resignación las humillaciones a las que les somete en público. Es más, pueden llegar a convertirse en el saco de las bofetadas si el jefe se aprovecha de su evidente servilismo haciéndole aparecer como torpe, inconstante o tonto delante del resto de sus compañeros.  Pero ellos no le guardan ningún rencor por ello: más bien al contrario, agradecen la atención recibida y el momento de gloria que les han hecho vivir.



Como vemos, los pelotas son una especie incómoda en el ecosistema de la oficina pero por su actitud y forma de actuación son fácilmente identificable lo que nos puede facilitar mantenerlos alejados de sus funestas personas.


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