Las empresas ante la crisis son como barcos


Ante una situación de crisis, a menudo, imagino las empresas como embarcaciones navegando por el incierto y convulso mercado.


  • Los pequeños negocios tradicionales, empresas pequeñas de servicios, reparaciones, mantenimiento, incluyendo el tan vulnerable comercio de barrio, serían como pequeñas barcas sujetas al azar de los acontecimientos. Algunas, veleros de recreo, otras barcos de pesca, las últimas, meras embarcaciones a remos, todas tendrían en común su enorme fragilidad. Cuando el mercado se agita con violencia, son las primeras en acusar sus vaivenes amenazando rápidamente con el extravío o la zozobra. Sin duda, son los negocios más expuestos ante situaciones de convulsión, aunque encierran una gran ventaja: si sobreviven es relativamente barato repararlas o renovarlas y volverlas a botar.

  • Las lanchas motoras serían compañías pequeñas pero dinámicas, de rápido pero consistente crecimiento. Se trataría de las empresas tecnológicas o de telecomunicaciones que han encontrado la piedra filosofal de la rentabilidad. Su juventud y velocidad les permite adaptarse bien a las cambiantes circunstancias del mercado pudiendo llegar a puerto con mayor facilidad que el resto.

  • Las empresas de éxito de mediano tamaño, futuras multinacionales, serían los catamaranes, embarcaciones grandes pero con gran adaptabilidad al medio que compaginan dos grandes virtudes de la navegación: un aceptable tamaño que reduce su riesgo de vuelco y una pujante velocidad que les permite cortar las olas.

  • Las grandes multinacionales serían potentes trasatlánticos, navegando lentos pero seguros sobre la impredecible piel del mar. Su peso y dimensiones hacen difícil su hundimiento aguantando así hasta los más desbocados temporales. Por su falta de renovación, algunos pueden navegar casi parados pero siempre habrá navegantes dispuestos a comprarlos para reflotarlos o, en su caso, desguazarlos y venderlos por partes. Se trata de los navíos más seguros y estables y antes de zozobrar, muchas empresas pequeñas y vulnerables ya lo habrán hecho por lo que su tripulación se puede sentir a salvo.
Dependiendo de en qué barco nos haya cogido la crisis, tendremos mayores o menores posibilidades de sobrevivir por lo que el azar o el buen ojo a la hora de escoger puede haber sido un factor decisivo que ahora juegue a nuestro favor.



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Imagen|notsogoodphotografphy

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