Un sinónimo de "pelota": incompetente



El pelota es una de las especies más prolíficas de la fauna empresarial. Se hace notar y cunde más que el resto de sus habitantes ya que permanece en el centro de trabajo incluso cuando no se les necesita y participa en todos los actos en los que pueda figurar. Sin duda, se trata de una plaga a identificar y combatir.


Cómo se les reconoce

A los pelotas se les encuentra fácilmente localizando a sus superiores, ya que no suelen ubicarse muy lejos de ellos. A la hora del café, sus grandes carcajadas ante las anécdotas del jefe les delatan. A continuación, son los primeros en tomar la palabra para abundar en materias similares que den prestigio a las anteriores. Los pelotas se aprenden todas las aficiones del jefe y construyen su discurso en torno a ellas. Conocen al dedillo la fecha de su cumpleaños y, posiblemente, la de sus familiares y no desaprovechan ocasión para obsequiarles con un escogido detalle. Si hay que organizar una fiesta en su honor, se presentan los primeros  para orquestarla y son los que aplauden con más fuerza cuando asisten a ellas.

Los pelotas son fieles verdugos a las órdenes de su jefe ejecutando sus más abyectos designios contra compañeros o subordinados. Su ansia de progreso no conoce límites y no les empacha cortar las cabezas que haga falta para conseguirlo. También son sagaces investigadores de las miserias ajenas para comunicarlas a quien mejor les puede palmear en la cabeza y acariciar el lomo.


La cruda realidad

Ahora bien, si juzgamos a los pelotas por su estricta valía profesional, descubriremos sin asombro que suelen contarse entre los más incompetentes. Seguramente, su formación o capacidad no alcanza los mínimos exigidos por lo que consideran dorar la píldora como su solo medio de supervivencia. Quizás por azar o mejor, por obsequiosidad, han prosperado en la compañía y el modo de ocultar su incompetencia es mover dulcemente el rabo ante la voz de su amo. 

Lo cierto es que los pelotas suman a su mal compañerismo su manifiesta ineficiencia. Son peligrosos para sus colegas y desleales para sus subordinados y se muestran incapaces de hacer un trabajo correcto. Sin embargo, algunos superiores gozan de su docilidad y la utilizan para ejecutar sus más perversos proyectos. Otros, tan solo aspiran a engordar su vanidad a través de sus elogios, quizás porque tampoco destacan por su competencia o, incluso, porque en su día también engrosaron las filas del peloterismo

Pero en las compañías serias su figura está vetada o arrinconada. ¿Quién quiere un pelota a su lado si lo que persigue es el progreso de la compañía? Los pelotas son un germen para las empresas sanas que contaminan las relaciones y el ambiente laboral. Tan solo los directivos mediocres ceden a sus a sus interesados deseos más movidos por vanaglorias personales que un verdadero interés general. Combatamos a este especímen o releguémoslo al puesto que realmente merece... ¡fuera de la compañía!


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