El Cerebro Emocional toma las decisiones más importantes

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Si dividiéramos el cerebro en tres esferas concéntricas, la interior correspondería al cerebro instintivo o de reptil. En el mismo tienen residencia los instintos básicos como el deseo sexual, la búsqueda de comida o la agresividad. En la segunda esfera, encontraríamos el sistema límbico o cerebro emocional, es decir, el lugar en que se originan las emociones. La esfera exterior estaría destinada a acoger las facultades racionales distintivas del ser humano: el lenguaje, capacidad de planificación, el cálculo aritmético o la lógica, entre otras.

El cerebro emocional


En el ser humano, el cerebro emocional juega un rol fundamental al acoger los centros de la afectividad. Es aquí donde el hombre procesa emociones y experimenta penas y alegrías y activa las convenciones sociales. Pues bien, parece ser que las decisiones más importantes del ser humano no las toma el cerebro racional sino el emocional.

Cuando queremos comprar un nuevo coche, escoger trabajo o mudarnos de casa, es el cerebro emocional el que toma el timón para orientarnos hacia nuestro objetivo. Las reacciones de emulación social también provienen del sistema límbico al empujarnos a repetir las actitudes de grupos a los que aspiramos. De ello se aprovecha la publicidad al mostrarnos personajes populares que admiramos utilizando un producto o servicio. Inmediatamente, nos sentimos impulsados a imitarlos adquiriéndolo en el comercio. Por ello, a menudo tomamos decisiones que si nos paramos a pensar, no son del todo racionales: nos comprarmos un coche enorme, veraneamos en un sitio de moda, etc.

En la empresa, a menudo se adoptan decisiones que no se entenderían si no es bajo esta perspectiva. Contrataciones, promociones o despidos de profesionales por mera sintonía o antipatía con el jefe son más habituales de lo que deberían. A veces, no es comprensible que personas muy competentes salgan de la empresa y, sin embargo, otras menos responsables vayan ascendiendo sin impedimento. Incluso, las fusiones o adquisiciones se explican a veces por simples afinidades del consejero delegado hacia deteminadas empresas o sectores más que hacia otros.

El papel del cerebro racional


Entonces, si las decisiones son tomadas desde el sistema límbico, ¿para qué usamos el cerebro racional? Pues ni más ni menos que para justificar las decisiones que ha tomado su primo emocional. En una reacción que todos conocemos, primero hacemos lo que nos apetece y acto seguido, lo justificamos con argumentos adaptados a la situación: "es que necesitábamos un coche más grande por la seguridad de los niños", "no es una persona muy formada pero la necesitamos porque está muy implicada", etc.

El cerebro emocional es imprescindible para hacernos saborear el jugo de la vida e infundirnos pasión por nuestro trabajo. Pero su uso desmedido en el terreno laboral puede hacernos perder la objetividad tan necesaria para solucionar los conflictos con justicia y tomar las iniciativas más correctas para el futuro de la empresa.




Imagen|jaci XIII

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