Cómo organizar la Cena de Empresa de Navidad


Bueno, ya metidos en fechas navideñas, se aproxima la consabida cena de Navidad con los compañeros de trabajo. La cena anual es un momento tan esperado por los que quieren pasar un buen rato fuera de la oficina como odiado por los que mantienen algún rifirrafe con los jefes o compañeros. En cualquier caso, en la agenda anual no deja de ser un hito repleto de sensaciones.

Algunas empresas deciden pagar el convite mientras que en otras, la asistencia es voluntaria al tener que abonarla cada uno de los empleados. En cualquiera de los casos, se trata de una ocasión única para relacionarse con superiores y subordinados en un ambiente distendido alejado de las presiones del día a día. Sin duda, es el momento de descubrir facetas ocultas de personas con las que apenas se cruza un saludo en la oficina. Veamos algunos consejos para organizarla con total garantía de éxito.


1. El espíritu de la cena de Navidad

En la cena de final de año hay que encontrar tiempos y espacios para conversar con personas con las que apenas se trata a diario. De nada sirve restringir el contacto al círculo habitual con quien ya trabajamos y tomamos café por las mañanas. Por ello, no debe reducirse a una mera cena sentada en la que poder charlar solo con los más cercanos. Más bien, debe completarse con otros actos en los que resulte sencillo alternar con diversos grupos: un cocktail de bienvenida, una cerveza informal, una copa tras la cena, etc. 

Por otro lado, los directivos tiene que actuar de excelentes anfitriones mezclándose entre la gente e intentando que todos interactúen con todos. Este es el modo de imbuir el espíritu navideño entre todos los asistentes.




2. Los invitados

En cuanto a quién debe asistir a la misma, está claro que si la paga la empresa son sus directivos quienes deciden. Pero si son los asistentes los que pagan la cena, es importante llegar un acuerdo para evitar posibles controversias. Lo normal es que se invite a la celebración a todos los miembros de una empresa o de un departamento siempre que trabajen en el mismo centro. Pero en algunos casos, también se puede acordar que asistan personas cercanas y queridas como compañeros jubilados, colegas recién trasladados, becarios que ya terminaron sus prácticas, etc. En este punto, conviene no ser restrictivo a la hora de confeccionar la lista siempre que impere la cordialidad y las ganas de diversión entre los participantes.


3. Las declaraciones 

La cena de fin de año no puede tratarse como una mera reunión de empleados. Más bien, se le debe conceder el rango de evento excepcional. Y es que se celebra con el año casi vencido y, por lo tanto, con una menor presión sobre las tareas a realizar y con los resultados económicos del ejercicio prácticamente cerrados. 

Por ello, no está de más que el directivo de más rango pronuncie unas breves palabras cuando se está terminando la cena. En el mismo puede resumir los mejores hitos del periodo transcurrido y aprovechar para infundir ánimo y optimismo a los colaboradores para afrontar los nuevos retos que se presentan. La rúbrica perfecta a sus entusiastas  palabras puede consistir en un brindis y un aplauso de confraternización.


4. Los juegos y otras actividades

La cena debe imbuirse de un espíritu lúdico desde el primer momento lo que exige la realización de actividades especiales. Por ejemplo, en algunas empresas, se aprovecha para sortear los regalos recibidos de los proveedores de cara a fin de año. En otras, reparten objetos de merchandising o rifan un artículo emblemático comprado para la ocasión. Por último, en alguna se aventuran por el terreno del amigo invisible, ese misterioso juego en el que cada asistente compra un regalo a otro sin revelar su identidad y lo entrega de forma anónima. Un aliciente posterior consiste en intentar adivinar quién ha regalado cada uno de los objetos.

En la cena también suele ser efectivo distribuir objetos distintivos de la ocasión que se celebra para que la gente se los ponga o los utilice. Tal es el caso de gorritos de papá Noel, collares de papel, trompetillas, diademas luminosas, etc. Con ello, no solo se avivará el espíritu navideño sino que se provocarán no pocas bromas y sesiones de fotos entre los asistentes que pueden prolongarse hasta bien entrada la noche.





Tras la primera copa, quién puede impedir que los comensales se arranquen a contar chistes o anécdotas o que entonen un villancico o canción picante sobre la empresa. En esta cena las jerarquías se diluyen y las bromas y críticas se toleran atendiendo a lo distendido de la ocasión. Finalmente, con las últimas copas todavía se pueden estrechar más los lazos con inesperados compañeros de fatigas.

En fin, la cena de Navidad, no puede ser sino un punto de confraternización en que se olviden las dificultades del año y entre risas y copas, se perdonen rencillas y se haga voto de compañerismo renovado de cara a las incertidumbres del año entrante.



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Imagen|Luz Adriana Villa A.; Jirka Matusek

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