La importancia de escoger un buen Acrónimo para los proyectos



La eficacia de un proyecto depende muy a menudo del grado de acogida que le dispensen sus usuarios. Y su denominación oficial es la primera etiqueta que nos debe ayudar a conseguirlo. Los proyectos de cierta envergadura tienden a sustentarse sobre complicados acrónimos que a menudo suponen más un dolor de cabeza para sus usuarios que un claro medio de identificación. Se basan en meras agrupaciones de siglas sin ningún significado lo que limita, por no decir, imposibilita su comprensión. Siglas como SPS, PBO, PVE son comunes en nuestro trabajo para transmitir los más variados significados.

Los acrónimos facilitan también el recuerdo de equipos, procesos, instrucciones o instalaciones productivas de difícil pronunciación que de otro modo se olvidarían muy rápidamente.


Algunos acrónimos correctos




  • Un ejemplo de acrónimo simpático es el que define las características propias de un buen objetivo: SMART (Specific, Measurable, Achievable, Realistic, Time-bound). Rescatando la teoría de las marcas, observamos que se trata de un término corto, sencillo, fácil de pronunciar, fácil de recordar y relativo a las características del producto

  •  Cuando se lanzó el proyecto de Alta Velocidad en España, su primera denominación respondía de forma literal a su objeto. Se vino a denominar TAV: Tren de Alta Velocidad. Pero más adelante, quizás con la ayuda de un experto en marketing, se decidió darle un giro para alinearlo con la mente ciudadana y su idea de los viajes ultrarápidos. Así vino a denominarse AVE - Alta Velocidad Española -, un término mucho más agradable y evocador del movimiento que el anterior.





Acrónimos deficientes



La mayoría de los acrónimos utilizados en la empresa no destacan por su amabilidad, constituyendo sucesiones de letras con el único fin de abreviar una expresión compleja. Así se puede comprobar en esta relación de inhóspitos términos por otra parte, bastante comunes en nuestro día a día profesional. Pero destaquemos uno especialmente desafortunado.
  • Las condiciones del entorno que hay que tener en cuenta en un plan de marketing para el lanzamiento de un producto o definir la estrategia de la empresa han vendido a denominarse  PEST (Político, Económico, Sociológico y Tecnológico). Sin duda, poca ilusión puede infundirnos realizar una investigación de mercado si tenemos que evocar un término que recuerda más a la Peste que a una útil herramienta.


Conclusión



En definitiva, gastar unos minutos en encontrar una denominación agradable y llena de significados, puede provocar una aceptación más rápida y amable del proyecto por la mente de los usuarios y por consiguiente, un uso más continuado y satisfactorio.


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Imagen|Pict Factory

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