En el trabajo, lo Perfecto es enemigo de lo Bueno


Lo perfecto es enemigo de lo bueno es una frase que dije el otro día a un compañero que pretendía destinar a la ejecución de una tarea tres jornadas completas. Yo conseguí realizarla en tan solo tres horas. En el ámbito laboral, hay que marcarse objetivos de perfección pero ello no debe hacernos perder el norte de lo que verdaderamente es importante y de lo que no lo es. 

Un trabajo rápido pero bien ejecutado puede hacernos pasar a otra tarea de igual o mayor importancia optimizando de este modo el tiempo disponible. En concreto, a las labores burocráticas (informes, estadísticas, reportes, etc.) hay que dedicarles la menor atención posible siempre que mantengamos su calidad y cumplamos el objetivo fijado. A cambio, podremos dedicar más esfuerzo a las tareas que se encuentren en la columna vertebral de la empresa y que aporten valor a la compañía: comprar mejor y más barato, producir rápido y con calidad, entregar la mercancía en el plazo acordado, desarrollar mejores productos, vender más y a un mayor precio, etc.

Para no defraudar expectativas, es fundamental saber qué se espera de nosotros y el uso que se va a dar al fruto de nuestro esfuerzo. Si presentamos un elaborado informe y el superior o el comité al que va destinado solo lee las conclusiones, habremos perdido un tiempo precioso que podríamos haber dedicado a otras tareas. Por ello, es prioritario conocer su objeto, el interés que suscita y las personas a las que va destinado. Con esta perspectiva, podremos incrementar fácilmente nuestro rendimiento aportando más por el mismo salario.


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Imagen|Perrimoon



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