Burnout: el síndrome más común entre los Directivos

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El trabajo directivo es a menudo muy exigente y tensionado por la necesidad de conseguir unos objetivos no siempre alcanzables. En época de crisis, la tensión se acentúa por el incremento de la actividad que no produce necesariamente un mayor rendimiento efectivo. En estos periodos el mercado se muestra temeroso y reacio al consumo, la competencia ataca con mayor virulencia y el número de tareas asumidas por cada empleado aumenta debido la reducción del personal. Llegados a este punto, el sistema nervioso puede llegar a colapsar por el esfuerzo excesivo al que se le somete.

Qué es el síndrome del Burnout


El síndrome de burnout o síndrome del quemado es una peligrosa afección que ataca, sobre todo, a profesionales con responsabilidad. El estrés es una reacción natural en el reino animal que se produce cuando un especimen detecta una amenaza de peligro. Entonces, el sistema nervioso se excita para preparar una de las dos posibles reacciones frente a la misma: huir o defenderse. Así, segrega adrenalina, bombea sangre para irrigar los músculos, abre los pulmones, dilata las pupilas... Pero claro está, la reacción termina cuando desaparece el problema. 

En el caso de los seres humanos, la reacción ante un exceso de presión en las tareas asumidas o en los plazos es similar a la de los animales. El problema se plantea cuando esta situación se dilata durante el tiempo. El sometimiento a un estrés prolongado somete al cuerpo a un gran esfuerzo provocando la caída en estados de agotamiento y la desesperación que pueden acarrear graves secuelas físicas y mentales.

Cómo detectarlo


Entre los síntomas más comunes del burnout se encuentran:

  • desinterés por el trabajo hasta el punto de rehuir la asistencia a la empresa. 

  • negatividad y suspicacia general hacia su entorno laboral

  • susceptiblidad y mayor impresionabilidad 

  • hasta las más pequeñas tareas se afrontan realizando un gran esfuerzo 

  • sensación de no estar rindiendo lo suficiente en el trabajo


Los síntomas del burnout pueden asimilarse a los de la depresión desde el momento en que el afectado entiende que las tareas asumidas superan su capacidad derivando en un hundimiento sicológico y emocional. La incapacidad de encontrar alternativas laborales, la competencia dentro de la empresa o las amenazas de despido pueden acentuar este padecimiento, llegando a provocar una grave enfermedad con bajas laborales prolongadas.


Cómo evitarlo


La única manera de combatir el burnout es reducir el estrés laboral lo que a menudo resulta una tarea complicada. No obstante, se puede conseguir de las siguientes maneras:


  • cortando el miedo a un futuro negro mediante la concentración en el presente y en la realización de las tareas actuales, tomándolas una a una y sin intentar resolver varios problemas a la vez. En este sentido, una correcta planificación del tiempo permite ser mucho más eficaz en el trabajo

  • cambiando a un puesto menos exigente y más adaptado a nuestra capacidad. En ocasiones, el estrés se produce al no estar capacitado para desempeñar un determinado nivel de actividad. La experiencia aporta certeza y fluidez en la realización de las tareas por lo que si no se tiene suficiente es mejor esperar para optar a puestos superiores

  • aumentando el tiempo dedicado al trabajo o al estudio para incrementar la capacidad de ejecutar las tareas. Por último, existe una opción de minimizar el estrés y no es otra que alargar la jornada laboral o trabajar los fines de semana para hacerlo de forma más tranquila. Sin duda, es la medida menos indicada pues reduce el tiempo libre y el dedicado a la familia pero permite trabajar con mayor soltura

El sometimiento a un estado de estrés prolongado es un lujo que nadie nos podemos permitir pues las consecuencias son demasiado caras, prolongadas y difíciles de superar, hasta para las personalidades más fuertes y equilibradas.


Más información

Wikipedia: el síndrome de burnout 

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