El Cerebro no está preparado para Pensar


Se dice que uno de los trabajos más estresantes de nuestra sociedad es el de corredor de bolsa. La razón es que tiene que realizar cálculos a gran velocidad y tomar decisiones ganadoras en nombre de sus clientes en breves segundos.

Todos conocemos el esfuerzo que nos cuesta reconocer y retener gran número de datos, memorizarlos y asociarlos para tomar decisiones correctas. Y es que el trabajo físico puede ser agotador pero podemos afirmar que el intelectual es extenuante. ¿Cuál es la razón de tanta dificultad?


¿Estamos preparados para pensar?

En realidad, el hombre ha pasado milenios utilizando la mente para asuntos de supervivencia que no exigían razonamiento alguno. La utilidad del cerebro se circunscribía a conocer los ciclos de la naturaleza y el comportamiento tanto de plantas como de animales. Los guerreros lo empleaban para tomar decisiones instintivas de las que dependían la vida o la muerte. Por su parte, las mujeres reducían su actividad a identificar ingredientes para la comida, leña para el fuego y hierbas medicinales. Además, utilizaban el lenguaje para enseñar a los niños a hablar y conocer el entorno.

Hasta el siglo XX la mayoría de la humanidad se ha dedicado a la agricultura y la ganadería. No ha sido hasta este siglo cuando el hombre ha comenzado a competir en empresas exigiendo a su inteligencia razonamiento, memorización y facultades inventivas. Hoy las compañías piden a sus empleados que aporten iniciativas sobre su trabajo extendiendo los esfuerzos intelectivos a toda la plantilla. Pero ¿estamos realmente preparados para ello?


¿Cómo trabaja la mente humana?

Una de las principales características de la mente humana es que no es precisa. De hecho, encuentra gran dificultad en recordar cifras exactas y sucesos detallados. Se ha preparado para conocer la realidad por aproximación ya que durante milenios el hombre no ha necesitado hacerlo de otro modo: la agricultura no seguía reglas matemáticas ni tampoco el comportamiento de los oponentes o los animales.

Otra de sus características es que mucho de nuestros recuerdos se vuelven vagos al poco tiempo del suceso. Es un hecho que conocen bien los investigadores forenses que deben interrogar a los testigos a las pocas horas del delito para garantizar su credibilidad. En realidad, tendemos a reconstruir nuestros recuerdos mezclándolos con estereotipos personales o sucesos vividos anteriormente.

Por último, nuestra capacidad de memorización es muy limitada. Se dice que solo somos capaces de recordar siete objetos. Es decir, entre una lista de nombres determinada, la memoria a corto plazo no es capaz de retener más de siete. Para almacenar más información requeriremos de un periodo de grabación prolongado mediante la repetición y el estudio.


La mente en la empresa

Lo expuesto anteriormente es la causa de que el trabajo intelectual realizado en la empresa resulte tan agotador y estresante. En un tiempo en que hay que conocer con precisión las cifras de cobros y pagos, los descuentos, las cantidades expedidas o los ratios financieros; en un entorno en que hay que entender largos contratos sin omitir una coma, ajustar máquinas con exactitud o programar ordenadores sin ningún fallo el cerebro se encuentra sometido a un esfuerzo excepcional para el que no ha sido preparado.

Por ello, entre otras cosas los empleos cualificados que han exigido mayor estudio y memorización y que implican diariamente mayor esfuerzo intelectual están mejor remunerados y mejor considerados socialmente. Probablemente, el cerebro se adapte en las próximas generaciones a sus nuevas exigencias pero por el momento, no nos queda más que seguir esforzándonos.


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