¿Por qué el inglés sigue siendo el rey de los negocios?


En pleno seiglo XXI, podemos afirmar que en el mundo de los negocios en Occidente, el inglés sigue siendo el idioma rey de la comunicación. A día de hoy, resulta complicado realizar negocios fuera de su área local sin conocer lo básico de esta centenaria lengua. Pero es que, además, muchas de sus palabras se han introducido en nuestro idioma convirtiéndose en imprescindibles en muchos de nuestras conversaciones. Tal es el caso de stock, briefing, set, pack, display, etc.

Pero, como todos sabemos, su influencia no se reduce al  ámbito empresarial sino que sus escuetas y expresivas palabras se cuelan en cada una de nuestras actividades. Así, términos como clickar, formatear, resetear o zapear son monedas de cambio habitual en nuestras conversaciones informales.


¿Por qué sigue imperando el inglés?


Para dar respuesta a esta pregunta podemos caer en los tópicos habituales que sin llegar a ser falsas, no pueden explicar toda la verdad:


  • El inglés es el idioma con mejor cobertura geográfica del mundo, hablándose como lengua oficial en alguno de los países de cuatro de los cinco continentes
  • La hegemonía comercial detentada por Estados Unidos durante el siglo XX ha extendido el uso del inglés en las transacciones profesionales por todo el planeta convirtiéndose en el esperanto de los negocios al que todo el mundo acude cuando lo necesita

Frente a las afirmaciones anteriores, me gustaría apuntar otras no menos explicativas de la pujanza del inglés en nuestras relaciones:


  • El inglés utiliza palabras cortas, en su mayoría monosílabas, mucho más fáciles de pronunciar y recordar que las largas expresiones de otros idiomas como, por ejemplo, el español. Simplemente pensemos en las traducciones de algunas palabras enunciadas anteriormente: zapear - cambiar de canal; formatear - borrar el disco duro


  • Otra importante razón es que los anglosajones son mucho más rápidos creando palabras que los latinos. Ya sea por su mayor sutileza en el uso del lenguaje ya por una tradición de adopción de términos de otros idiomas inexistente en castellano, los angloparlantes han sabido introducir neologismos en el mercado con mucho mayor éxito que los hispanos. De hecho, solemos acoger con entusiasmo el término inglés sin molestarnos demasiado en buscar alternativas en español.

  • Por último y derivado de lo anterior, el idioma inglés es mucho más rico que el castellano (¡no me crucifiquéis por esto!).







Es decir, tiene más términos que designan más realidades lo que ofrece mayor variedad a la hora de expresar un contenido. Los datos hablan por sí solos: el diccionario de la RAE en su edición 22 recoge 88.000 lemas. Por su parte, el Oxford English Dictionary contiene 250.000 palabras distintas, además de otras correspondientes a tecnicismos y jerga. Es decir, por cada palabra española, el inglés ofrece tres. 

La consecuencia lógica es que en nuestro idioma debemos usar una misma palabra para diversos contenidos lo que se evidencia con la existencia de 161.000 acepciones en el diccionario. Es decir, cada palabra española tiene una media de dos significados, lo que implica que muchas tienen cuatro, seis o ¡muchos más! Así, no es de extrañar que un término como base ofrezca en Wikipedia más de veinte definiciones diferentes. Una causa evidente reside en la existencia de una estricta academia de la lengua que ha aherrojado el lenguaje impidiendo que se ampliase con la incorporación de barbarismos que no lo hubieran empobrecido, sino más bien, enriquecido.
Sin ánimo de menospreciar al español, estas virtudes hacen que el inglés esté llamado a perpetuarse en nuestro habla y formar parte de nuestras vidas durante muchos años. Y no podemos por menos que agradecer su agilidad y versatilidad para regalarnos nuevos términos que hacen nuestra comunicación mucho más amena y precisa.


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