Cuando el dueño está en la oficina la presión aumenta


La presión sobre el ritmo de ejecución de las tareas y la calidad en el trabajo no solo es un factor de eficacia en las oficinas sino que llevado a su último extremo, puede llegar a incrementar el estrés entre los empleados perjudicando su salud laboral.

En función del tipo de propiedad de la empresa, el estilo de dirección puede variar influyendo en la intensidad exigida para acometer las tareas por parte de los empleados. Según mi experiencia, las diferencias pueden ser muy abultadas no influyendo tanto el tamaño y vocación de la compañía como el interés de la propiedad en la gestión de la misma. Así, podríamos distinguir distintos tipos de gestión:


1. empresas privadas dirigidas por su dueño. 

En general, cuando el dueño se hace cargo de la gestión y está presente en la oficina, la presión sobre los objetivos es alta. Esto se debe a que es su propio dinero el que está en juego y tanto por su ambición personal como por el temor de perder su negocio, el nivel de exactitud y velocidad exigido a los trabajadores es muy superior al de un gestor profesional. El caso se multiplica en el supuesto de que el gerente sume a su condición de dueño la de fundador de la compañía. En dicho caso, en su exigencia se reflejará el esfuerzo invertido en crearla y mantenerla en el mercado a lo largo de los años. Cuando la gestión pasa a una segunda generación que recibe una empresa saneada y rentable, la presión suele relajarse al no haber participado del estrés de su progenitor


2. empresas privadas de gestión profesionalizada. 

Cuando la dirección se delega en profesionales, el estilo de gestión depende de la exigencia de resultados que pese sobre la directiva y de la facilidad con que pueda llegar a conseguirlos. En términos generales, la presión sobre la tarea será tanto mayor cuanto mayor esfuerzo requiera, pero una vez alcanzados, lo normal es que la presión disminuya. La diferencia entre el  propietario de un negocio y un directivo contratado es que éste cumple con la mera consecución de sus objetivos mientras que el otro buscará siempre el máximo desarrollo de su negocio


3. Empresas multinacionales de propiedad difusa

Para analizar el nivel de trabajo en los grupos multinacionales que cotizan en bolsa o pertenecen a fondos de inversión habría que diferenciar dos categorías: los profesionales que trabajan en la central y los que lo hacen en las divisiones o delegaciones de la empresa. Parece haber consenso en afirmar que por la proximidad a la alta dirección, el trabajo en la central de un grupo suele ser mucho más duro e intenso que el desarrollado en sus divisiones. Es más, conozco casos en que la laxitud de estos últimos trabajadores es tan palpable que podría señalarse la cafetera como uno de los puntos más frecuentados dentro de la organización. Efectivamente, la lejanía a los centros de mando y la relativa falta de control sobre la actividad pueden desencadenar una gran relajación de los empleados e incluso una total despreocupación por la consecución de la tarea


4. Empresas públicas

Por último, los trabajadores de las empresas públicas se caracterizan por la consolidación de un cierto número de privilegios que resultan ajenos a la mayoría de las privadas. Entre ellos, no es el menor una cierta garantía de estabilidad en el puesto de trabajo. Por ello, se puede afirmar que salvo excepciones, la dedicación y empeño puesto por los trabajadores de las empresas públicas suele ser inferior al de las privadas. Esta situación puede perpetuarse incluso cuando la empresa ha sido ya privatizada, al haberse acostumbrado o seguir disfrutando los trabajadores sus antiguos privilegios. Conocidas son por ejemplo, las tensiones provocadas por los pilotos de la antigua compañía estatal Iberia con sueldos muy superiores a los del sector.
En definitiva, podría afirmarse que el estilo de dirección en una empresa no solo depende del tamaño o sector de actividad al que pertenece. Ni siquiera es determinante, aunque sí muy importante, la formación y experiencia de los cuadros directivos. El tipo de propiedad y la involucración del propietario en la gestión, se revela como un factor esencial en el nivel de presión ejercido sobre los empleados y por consiguiente, su satisfacción.


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Imagen|kevin dooley

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