En publicidad, nunca digas que NO (¿o sí?)



Es lo que se enseña en los libros de marketing. Si queremos promocionar un producto nunca debemos introducir conceptos negativos en el mensaje. Términos como Mal, Pobre, Contaminante o incluso la simple palabra No deberían estar prohibidas según la doctrina promocional. Así, los responsables de marketing llevamos décadas intentando transformar los mensajes negativos en frases positivas.

Por ejemplo, aun significando lo mismo no se percibe igual una frase como No destruye la capa del ozono que la de Amigo del ozono.

Sin embargo, alguna compañía ha decidido plantar cara a esta teoría promocionado los mensajes negativos: ¡y con mucho éxito! Tal es el caso de MediaMarkt y su famosa campaña de Yo no soy tonto.


MediaMarkt es un category killer en el sector de electrónica de consumo y basa toda su publicidad en mensajes sencillos, impactantes y agresivos. El color rojo de fondo que arropa todos sus mensajes refuerza su impacto  moviendo al consumidor a acudir a sus centros y realizar una compra por impulso.

Si un concepto es negativo por excelencia es el que se relaciona con la muerte. Sin embargo, ello no ha intimidado a una tienda de vestidos de novia de Zaragoza a la hora de colocar su nombre. Y así la nombraron Hasta que la muerte nos separe.



Sin duda, vincular el concepto de muerte con el de boda parece un riesgo elevado para la evolución de las ventas del establecimiento. Pero el tiempo parece haberles dado la razón al llevar abiertos ya cinco años en la céntrica calle Alfonso sin haber espantado suficientemente a los novios.

La muerte como concepto arriesgado pero impactante, puede hacer acto de presencia en mensajes de muy diversa índole. Por ejemplo, puede servir de rótulo a un establecimiento comercial. En la misma línea del anterior, un comercio de perfumería y cosmética se publicita de forma algo menos escabrosa y más simpática que la anterior. Y es que su nombre lo dice todo: Antes muerta k sencilla.


Utilizar mensajes positivos en comunicación es una regla generalmente admitida. Pero como toda regla, tiene sus excepciones de las que se aprovechan algunos emprendedores atrevidos. En este caso es el impacto conseguido por la transgresión el que hace triunfar la iniciativa.


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