¿Por qué NO es excitante comprar en un Supermercado?

empleados en un supermercado

Una pregunta que nos puede venir a la cabeza es: ¿los supermercados consiguen estimular el proceso de compra o son un auténtico aburrimiento para el consumidor? Si lo pensamos dos veces, parece que la respuesa se inclina más bien hacia lo segundo. Y es que la disposición de los productos en un supermercado no es muy diferente a cómo se hace en un almacén, simplemente alineados en cajas y estanterías para que el comprador los recoja.

En realidad, su disposición apenas ha cambiado en los últimos 100 años mientras que la gestión logística y de compras se ha modernizado al extremo con centros inteligentes, gestión por categorías, etc.

Pero cuál es el problema


El problema es que el consumidor apenas emplea 20 minutos de media en recorrer el supermercado. Además, se ha demostrado que el 80% de las personas realiza siempre el mismo recorrido dentro de la tienda. Estudios realizados con cámaras muestran cómo el tiempo que toma el consumidor en seleccionar un producto es mínimo. ¿Por qué? Pues básicamente, porque suele escoger siempre lo mismo.

El problema que plantea un supermercado es la enorme variedad de referencias que ofrece. Y es que a las personas les cuesta mucho tiempo tomar decisiones complejas, sobre todo, cuando tienen prisa. Si a la entrada de la tienda aun se realizan algunas comparaciones, cuando se está en la recta de salida las decisiones son ultrarápidas. Y en un supermercado, ¡el consumidor tendría que estar comparando precios y variedades todo el tiempo! Pensemos que exponer un mayor número de referencias no significa a menudo una mayor venta, sino mas bien una mayor confusión para el consumidor.


lineales de supermercado con productos




El problema es que los supermercados por su diseño, disposición y decoración NO ayudan a tomar decisiones a los clientes. Para solucionarlo, podemos proponer algunas ideas:

1. Mayor información sobre los productos de éxito


Al consumidor le ayudaría mucho saber cuáles son los productos más vendidos en cada categoría. Con un pequeño expositor mostrando el ranking del mes o de la temporada colocado en la góndola de la categoría sería suficiente para orientarle

2. Mayor claridad en las variedades


La multiplicidad de variedades dentro de la categoría produce gran confusión en el consumidor, sobre todo, si desconoce a los fabricantes. Una correcta agrupación vertical con unos carteles bien visibles podría serle de gran ayuda. Imaginemos la categoría de cervezas ¿por qué no organizarla bajo rótulos como suave, media y fuerte o mejor, para refrescar, para acompañar, para disfrutar, acompañados de sugerentes fotografías? Lo mismo se puede aplicar a las categorías de vino, petfood, salsas, etc.

3. Mayor claridad en los precios 


Dentro de cada categoría, el consumidor toma decisiones en función de la calidad del producto. Y a menudo, relaciona el nivel de calidad con el del precio. Entonces, ¿por qué no clasificar e identificar claramente la categoría de acuerdo a su precio? Por ejemplo, económico, estándar, premium. De este modo, el consumidor sabría a qué atenerse en función de su nivel de renta

4. Dar ideas


Una nueva salsa o plato precocinado quizás pase desapercibida al consumidor. Eso claro está a no ser que el distribuidor coloque un enorme cartel mostrando una sabrosa receta que se puede realizar con la misma, combinada con otros productos ofrecidos en la sección.
El distribuidor debería ponerse en los zapatos del consumidor a la hora de desplegar su oferta en el supermercado. Si es capaz de hacerle la selección fácil, rápida y sencilla conseguirá que obtenga  mayor satisfacción y por lo tanto, que decida repetir la compra en dicho establecimiento.


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Imagen|Pam loves pie

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