6 nuevos Hábitos de Trabajo tras el parón


Teletrabajo tras la pandemia


Tras el susto y el parón que hemos sufrido en la mayoría de los países desarrollados a causa del coronavirus ahora toca extraer las mejores enseñanzas y aplicarlas de la manera más efectiva posible a nuestras rutinas laborales. Los meses que hemos estado recluidos en casa nos han servido para reflexionar y para adoptar una perspectiva diferente sobre nuestras obligaciones profesionales. Además, hemos podido poner en práctica nuevas técnicas de desempeño dándonos cuenta de este modo de su enorme potencial.


Veamos qué lecciones más importantes que podríamos extraer y cómo podríamos aplicarlas a la oficina.

1. Los viernes en pijama


Gracias a la pandemia las empresas se han visto obligadas a probar una forma de ejecutar las tareas a la que hasta entonces se mostraban en su mayoría reticentes: el teletrabajo. Las conclusiones que muchas han sacado es que los empleados no solo no han trabajado menos durante el periodo de reclusión sino que muchos de ellos, incluso han sido más efectivos habiendo incluso alargado sus jornadas laborales. Además, gracias a los adelantos informáticos los directivos han sido capaces de controlar la presencia de sus equipos así como de mantenerse en permanente contacto con ellos.

Por ello, la primera propuesta de la lista podría denominarse los viernes en pijama, es decir, destinar un día a la semana, por ejemplo los viernes, a trabajar desde casa. Y es que con esta medida, se beneficiarían las dos partes. Por un lado el colaborador conseguiría ahorrarse los pesados tiempos de desplazamiento y los atascos de final de jornada (que los viernes son especialmente intensos). Por otro lado, la empresa ahorraría energía y el mantenimiento de las instalaciones que no se utilizan durante la jornada en la que los empleados están en su casa.

2. Estiramiento desde el asiento


Durante estos días de reclusión muchos hemos podido comprobar las bondades de realizar ejercicio en espacios cerrados. Es más, nos hemos percatado de la necesidad de andar, estirarnos o hacer ejercicios sencillos para reducir el estrés del trabajo continuado y la fatiga de permanecer tantas horas frente al ordenador. Esta saludable práctica también podemos trasladarla al centro de trabajo. Así durante la jornada  podríamos dedicar algunos periodos a realizar estiramientos de brazos, piernas y espalda o a descontracturar el cuello.

Esta costumbre que hemos visto en algunos vídeos de fábricas chinas o japonesas es algo que por pudor o vergüenza nunca nos hemos atrevido a realizar en Occidente. En realidad, los movimientos se pueden ejecutar en el propio puesto de trabajo o delante del escritorio pero las empresas también podrían destinar algunos espacios con colchonetas, gomas u otros aparatos para que fueran utilizados por los colaboradores.

3. Adiós a las reuniones suicidas


Otra de las grandes enseñanzas que hemos extraído durante la pandemia es que los intercambios entre miembros de un mismo departamento o con otros compañeros pueden realizarse mediante reuniones breves sin perder por ello su efectividad. Y es que los encuentros on line suelen ser mucho más rápidos y expeditivos que los presenciales al limitarse a tratar los asuntos verdaderamente importantes.

Las reuniones son uno de los grandes ladrones de tiempo de los trabajadores en las oficinas. Por lo general, se convocan a ellas a demasiadas personas, no cuentan con una agenda claramente definida y tienden a demorarse más de lo conveniente. Por ello, seguramente a partir de ahora más de un directivo prefiera hacer encuentros virtuales a través de Zoom o Webex incluso estando dentro de la oficina, asegurándose de este modo de que serán concisas y destinadas a adoptar las decisiones más relevantes.


4. Gestionar mediante herramientas


Sin duda, uno de los grandes descubrimientos del confinamiento han sido las aplicaciones de ordenador destinadas a gestionar proyectos. Cuando se está en la oficina los trabajos compartidos se gestionan tradicionalmente por e-mail, celebrando breves encuentros presenciales o incluso, en ocasiones, a gritos. Pero de esta manera se pierde mucha información, no queda constancia de los trabajos que se han realizado y de cara al futuro, resulta muy difícil establecer una trazabilidad de los mismos. 

Los programas de gestión de proyectos compartidos solucionan todos esos problemas. En primer lugar, permiten tener todos los documentos relacionados con los mismos en un único repositorio. Además, las conversaciones se establecen en una sala tipo chat en la que queda constancia de todo lo comentado por lo que se puede volver a ello en cualquier momento. Por último, su propia configuración permite trabajar en desplazamiento o desde diferentes despachos evitando las reuniones presenciales y en consecuencia, ahorrando muchísimo tiempo a los colaboradores. Ahora, tras el uso de programas como Slack o Asana muchos equipos se han convencido de que pueden gestionar trabajos conjuntos sin moverse del asiento y por lo tanto, de forma mucho más rápida y efectiva. 


5. Seguir colaborando


Durante las semanas que ha durado el parón laboral quien más quien menos se ha lanzado a aportar su granito de arena para ayudar a los que se quedaban en casa. Algunos han organizado seminarios, otros conferencias y otros, webinars. Hay quien ha liberado  para los internautas recursos profesionales (cursos, plantillas, libros) que anteriormente eran de pago. Los artistas han interpretado en vivo en las principales redes sociales y las amas de casa han confeccionado mascarillas en sus máquinas domésticas. Lo que realmente hemos aprendido durante el confinamiento es que realizar acciones altruistas en favor de quienes lo necesitan nos hace más felices, mucho más que el tradicional egoísmo que caracterizaba nuestras anteriores relaciones laborales. 

Por eso, en esta nueva etapa haremos bien en olvidarnos de nosotros mismos y pensar de qué manera podemos ayudar a nuestros compañeros con nuestro conocimiento para propulsar su proyectos. Incluso, podemos pensar en impartir pequeñas charlas o redactar tutoriales para aquellos que más lo necesiten. Pero yendo más allá, también podemos idear acciones que ayuden a nuestro entorno más próximo (vecinos de la empresa, asociaciones ecológicas del barrio, organizaciones humanitarias, etc.) potenciando así la Responsabilidad Social Corporativa de la compañía. Seguro que ejecutando estas y otras iniciativas parecidas al final del día nos sentimos más completos y felices, y nos quedamos con la sensación del trabajo bien hecho.


6. Aplaudir a quien nos ayuda


Por último, si algo hemos aprendido estos meses es a valorar la actividad de todas las personas que nos ayudan a mantener nuestro estilo de vida y a alcanzar un bienestar sea total. En el caso de la pandemia, los aplausos han ido dirigidos a los sanitarios incluyendo a las enfermeras, los celadores, los conductores de ambulancia, etc. Pero también a todos aquellos que de manera anónima han facilitado la superación de la pandemia con su dedicación y su esfuerzo individual. Tal es el caso de los repartidores, los taxistas, los limpiadores, etc. Sin ellos, no hubiéramos podido superar el parón de la forma tan rápida y fluida como lo hemos hecho.  

En la empresa, también tenemos que valorar a todos aquellos que de forma invisible contribuyen a que podamos realizar nuestro trabajo y a que todo en la oficina funcione de maravilla: los repartidores de paquetería, los limpiacristales, las empleadas de la limpieza, los encargados de mantenimiento, etc. Nuestro aplauso y reconocimiento también debería ir para ellos, en primer lugar, conociéndolos personalmente (algo que raramente llega a suceder) y en segundo lugar, dedicándoles gestos o haciéndoles participar en determinados minieventos que se celebran en la oficina como puede ser sin ir más lejos, el café que se toma a media mañana.  


Conclusión


Como dice el refrán No hay mal que por bien no venga y el hecho de habernos visto obligados a cambiar nuestros hábitos laborales durante una temporada puede que nos haya abierto la mente a nuevas formas de realizar nuestras tareas y de relacionarnos con nuestros compañeros, clientes o los miembros de otros departamentos. Aprovechar las enseñanzas de estas semanas nos permitirá ser igualmente efectivos pero de un modo mucho más humano, productivo y eficiente

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